MINISTERIO DE LECTORES

Principios Generales:

 

El ministerio de ser Lector durante la celebración de la Eucaristía, al igual que los demás servidores del altar, es de gran importancia. 

Durante la liturgia, el Lector es un instrumento de Dios con el cual, Él comunica su Palabra. Por lo que requiere de parte de cada servidor en este ministerio, un compromiso especial basado en el orden, la devoción y la preparación. 

 

 

 

Condiciones para ser Lectores 

 

-    Sentir el llamado a este ministerio y expresar su deseo al párroco o a un coordinador de misa.

-    Vivir su fe, dando testimonio dentro y fuera de la iglesia.

-    Buena voz

-    Dicción clara

 

 

 

Forma práctica para el servicio como Lector

 

-    Cada misa tiene asignado un coordinador.

-    Cada coordinador mantiene la comunicación con todos los Lectores de ese horario de misa; especialmente para asignar los días de servicio.  

-    Comunicar a su coordinador en caso de no poder servir el día que se le ha asignado. 

-    No debe hacer cambios usted mismo o promoverlos, siempre debe comunicarlos al coordinador.

-    Vestir apropiadamente.

-    Usar zapatos discretos y cómodos.

-    En caso de estar enfermo, y especialmente si la voz está afectada, es recomendable que lo reporte a su coordinador, para buscar un reemplazo. 

-    Si por alguna razón considera que no está en gracia para servir, de todos modos sirva y prometa a Dios ir a confesarse lo más pronto posible. No es necesario comentarle su vida espiritual al coordinador. 

 

 

 

Usos para el día que le toque servir

 

-    Leer la lectura antes del día que le toque leer, un día antes es suficiente. Revise acentos, comas y puntos.

-    Ubicar si hay palabras extrañas o poco familiares para usted y repasarlas. Si tiene duda de la pronunciación, siempre es mejor preguntar. 

-    Para ser efectivos en el mensaje que se va a leer, es imprescindible entender lo que se va a leer y esto solo se logra a través de la comprensión de la lectura previamente leída, y la familiaridad que se tenga con ella. 

-    Lea con su tono de voz y sin apresurar o dilatar la pronunciación. 

-    Si puede dirigir su mirada a la congregación como signo de comunicación efectiva, hágalo, es muy recomendable; pero si piensa que puede perderse en la lectura, favor de no hacerlo. 

-    Un ejercicio de vocalización siempre es recomendable antes de leer.

-    Debe estar en la iglesia por lo menos 15 minutos antes de empezar la misa. Se puede aprovechar este momento para ubicar en el ambón, la lectura que le tocará leer y dar un último repaso. 

-    En caso de llegar tarde, es decir cinco minutos antes de que empiece la misa, favor de contactar al coordinador y cerciorarse si no  ha sido reemplazado con otro Lector. En caso de que así sea, favor de dejar al nuevo Lector que lo haga en su lugar. 

-    Cinco minutos antes de empezar la misa, ubicarse al frente del equipo de sonido para seguir la procesión de entrada, su lugar es justo después de los monaguillos. 

-    Caminar con las manos juntas. No saludar a nadie o ir sonriendo a la gente o conocidos.

-    Una vez llegado al pie del santuario, ir a la izquierda del monaguillo y al mismo tiempo que el sacerdote hacer reverencia al altar. 

Acto seguido caminar a su silla, sin prisas para iniciar la misa.

 

 

 

Para realizar su servicio como Lector

 

Primera Lectura y Salmo

 

-    Después de la oración colecta, es decir, después del primer: “Oremos”, del sacerdote en la misa, el Lector 1 sube al ambón con las manos juntas. En el primer descanso en el santuario hace una reverencia al altar, y después sube a tomar su posición en el ambón.

-    Acomodar el micrófono a una distancia de su boca, aproximadamente de una palma de la mano. 

-    No probar el micrófono con un golpecito, ni soplarle, tampoco pronunciar cosas previas.

-    Inicie la lectura diciendo: “Lectura de…”. No decir: “Primera lectura… o Salmo responsorial.” 

-    Si se equivoca en una palabra, no decir perdón o alguna otra disculpa, ni arreglar la garganta con un “ajam”. Volver a decir la palabra en forma correcta y continuar la lectura. 

-    Al termino de la lectura decir: “Palabra de Dios.”  No decir: “Esta es Palabra de Dios”, ni levantar el libro.

-    Dejar dos segundos para iniciar el Salmo responsorial.

-    Para el Salmo responsorial, decir el responso y después levantar la mano para invitar a la asamblea a decirlo. 

-    En el último responso esperar a que la gente responda, y después juntar las manos y regresar al primer descanso del santuario y junto con Lector 2, hacen reverencia al altar. Regrese a su lugar sin prisa.

-    Si la Segunda lectura se toma de otro Leccionario, el Lector 1 hace el cambio. 

 

 

 

Segunda lectura y Aclamación antes del Evangelio 

 

-    En el ultimo responso del Lector 1, esperar a que la gente responda, y después junte las manos y diríjase al primer descanso del santuario y junto con Lector 1, hacen reverencia al altar. Después suba a tomar su posición en el ambón. 

-    Acomodar el micrófono a una distancia de su boca, aproximadamente de una palma de la mano.

-    No probar el micrófono con un golpecito, ni soplarle, tampoco pronunciar cosas previas.

-    Inicie la lectura diciendo: “Lectura de…”. No decir: “Segunda lectura...”

-    Si se equivoca en una palabra, no decir perdón o alguna otra disculpa, ni arreglar la garganta con un “ajam”. Volver a decir la palabra en forma correcta y continuar la lectura. 

-    Al termino de la lectura decir: “Palabra de Dios.”  No decir: “Esta es Palabra de Dios”, ni levantar el libro.

-    Hacer una pausa, para esperar el canto del Aleluya. 

Nunca decir: “…de pie” o algo similar. 

-    Después de leer la Aclamación antes del Evangelio, retirarse del ambón mientras está el canto del Aleluya, para dejar paso al diácono o sacerdote.

-    Si se proclama el Evangelio del Evangeliario, el Lector 2 retira el Leccionario.

-    Junte las manos y diríjase  al primer descanso del santuario, hacer una reverencia al altar y regresar a su lugar, donde debe mantenerse de pie para escuchar atentamente el Evangelio.

 

Ministros Extraordinarios de la Eucaristía

Principios Generales 

En cada celebración de la Eucaristía deberá haber un número suficiente de ministros de la Sagrada Comunión para que pueda ser distribuida de manera ordenada y reverente. Obispos, presbíteros y diáconos distribuyen la Sagrada Comunión en virtud de su oficio como ministros ordinarios del Cuerpo y de la Sangre del Señor 1. (SSV, 27) 2. 

Cuando el tamaño de la congregación o la incapacidad del obispo, presbítero o diácono, lo requiere, el celebrante puede ser asistido por otros obispos, presbíteros o diáconos. Si no están presentes esos ministros ordinarios de la Sagrada Comunión: “…El sacerdote puede pedir la ayuda de los ministros extraordinarios, es decir, el acólito legítimamente instituido o incluso otros fieles, que para esto legítimamente han sido designados. En caso de necesidad, el sacerdote puede designar ad actum 3 a los fieles idóneos” (IGMR 162) 4 

Los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión deberán recibir suficiente formación espiritual, teológica y práctica para desempeñar su papel con conocimiento y reverencia. De todos modos, deben atenerse a las indicaciones del Obispo Diocesano 5. 

Todos los ministros de la Sagrada Comunión deberán mostrar la mayor reverencia por la Santísima Eucaristía con su comportamiento, su atuendo y la manera en que manejan el pan y el vino consagrados. 

Fuente: www.usccb.org 

Una señal clara de la existencia de Dios, es el orden que manifiesta en todo lo creado. 

La repetición de actos nos da la pauta para lograr el orden; seguir el orden es un signo de Dios. 

En el rito de la Misa se manifiesta un orden que facilita nuestra comunicación con Dios. 

El conocer los lineamientos y reglas, de lo que se nos ha pedido desempeñar, nos dará la seguridad para realizarlo de la mejor manera posible. 

Nuestra responsabilidad es cumplirlo, tal cual se nos ha pedido. 

Si no conocemos lo que se nos pide, la ignorancia nos salva; pero por el contrario, si no hacemos lo que se nos pide, de la forma en que se nos ha solicitado, la desobediencia nos condena. 

Ministros Ordinarios de la Eucaristía. 

* Obispo 

* Sacerdote 

* Diácono. 

Ministro Extraordinario de la Eucaristía. (MEE) 

Condiciones para ser ministros: 

* Ser invitado a este ministerio por parte del Párroco. 

* Solteros. 

* Si son casados, deben estar casados por la iglesia. 

* Con una buena reputación, y que su papel como ministro no sea causa de escándalo en la comunidad. 

* Dar buen testimonio de vida fuera de la Iglesia. 

Forma práctica para el servicio como MEE 

* Cada misa tiene asignado un coordinador. 

* Cada coordinador mantiene la comunicación con todos los MEE de ese horario de misa; especialmente para asignar los días de servicio. 

* Comunicar a su coordinador en caso de no poder servir el día que se le ha asignado. 

* No debe hacer cambios usted mismo o promoverlos, siempre debe comunicarlos al coordinador. 

* Vestir apropiadamente. 

* Usar zapatos discretos y cómodos. 

* En caso de estar enfermo, de catarro o gripa es mejor que lo reporte a su coordinador para buscar un reemplazo y poder evitar contagios. 

* Si por alguna razón considera que no está en gracia para servir, de todos modos sirva y prometa a Dios ir a confesarse lo más pronto posible. No es necesario comentarle su vida espiritual al coordinador. 

Usos para el día que le toque servir 

* Debe estar en el área asignada para los MEE, por lo menos 15 minutos antes de la hora que inicia la misa 

* Lavarse las manos con agua y jabón. 

* En caso de llegar tarde, es decir cinco minutos antes de que empiece la misa, favor de contactar al coordinador y cerciorarse si no ha sido reemplazado con otro ministro. En caso que así sea, favor de dejar al nuevo ministro que de la comunión en su lugar. 

Para administrar la comunión 

* Después de darse la paz, si cree necesario use el gel antibacteriano. 

* A la hora que el sacerdote baje el Cuerpo de Cristo, después de presentarlo como Cordero de Dios, dirigirse al lugar asignado al lado del ambón, para recibir el Cuerpo de Cristo. 

* Recibir el cuerpo de Cristo, en la boca o en la mano. 

* De preferencia juntar las manos en la espera de la recepción del Sacramento. 

* Los MEE son ejemplo de cómo hacer una buena recepción del Cuerpo de Cristo, así que deben recibirlo apropiadamente. Con la inclinación del cuerpo ligeramente, abrir la boca apropiadamente, sin sacar la lengua ni acercar la cabeza, y decir Amén. 

* Si lo reciben en la mano, indicar con las manos que así será su recepción. Una mano encima de la otra, y una vez que este el Cuerpo de Cristo en su mano, con la otra llévelo a su boca y mastique discretamente. 

* No dar los dos signos de recepción, en la boca y en la mano. 

 

En ese orden: 

* El 1º (a lado del ambón) administra el Sacramento al coro, monaguillos y lectores. Además de alguna otra persona en la asamblea que lo pueda requerir. 

* El 2º y 3º distribuir la Sagrada Comunión en el pasillo central a mitad de la iglesia. 

* El 4º distribuye la comunión con el sacerdote, en caso de no haber diácono. 

* Al recibir el copón hay que empezar a caminar. No dilatar los tiempos. 

* Sepa a dónde dirigirse y siempre camine de frente. 

* No hacer ninguna reverencia mientras tenga el copón en sus manos. 

 

Cómo administrar el cuerpo de Cristo:

* Con respeto, pero con fluidez. 

* Viendo a la persona presente el Cuerpo de Cristo, diciendo: 

“El Cuerpo de Cristo” y después dárselo. 

* NO decir: “este” es el Cuerpo de Cristo, o alguna otra palabra. 

* Aunque sepa el nombre de la persona, No decirlo. 

Tampoco agregar plática aunque sea breve. 

* No dar la comunión a personas que quieran recibirla en la mano y traigan guantes, vendas, etc. Administrársela en la boca. 

* Si está seguro de que está masticando chicle, puede preguntar y en caso afirmativo, dígale que no puede darle la comunión con el chicle en la boca. 

* Si considera que un niño o niña no tiene edad suficiente, preguntarle si ya hizo la primera comunión. De no ser así, solo decir: “Que Dios te bendiga”, sin hacer la señal de la cruz. 

* Si da la comunión en la mano, por favor verifique que se lo lleve a la boca. Si hay duda, interrumpir de seguir dando la comunión, para cerciorarse que la persona se ha llevado el cuerpo de Cristo a la boca. 

 

Si se le cae la comunión: 

* En caso de haberse caído sin haber estado en la lengua de la persona que lo recibe, lo más recomendable es consumirla usted mismo. 

* En caso de haber estado en contacto con la lengua de la persona que la iba a recibir, favor de mantenerla en la mano con la que sostiene el copón y dársela al Sacerdote después de terminar de dar la comunión. 

* Nunca dar una Sagrada Forma para llevar. 

* Nunca partir las Sagradas Formas para dar la comunión; a menos que el sacerdote se lo pida. 

* Al terminar de dar la comunión, regrese al santuario y espere a que el diácono o el sacerdote le reciba el copón. 

* Después de entregar el copón , favor de irse a purificar los dedos con los que administró la Sagrada Comunión. Hay un recipiente con agua, meta los dedos y enjuáguelos, después seque los dedos con el purificador que está ahí. Nunca usar gel antibacteriano para hacer esta purificación. 

* No puede ser Ministro Extraordinario de la Comunión en otra parroquia, a menos que el párroco de esa parroquia se lo solicite.

Ministros Extraordinarios de la Eucaristía

 

Principios Generales

 

En cada celebración de la Eucaristía deberá haber un número suficiente de

ministros de la Sagrada Comunión para que pueda ser distribuida de manera

ordenada y reverente. Obispos, presbíteros y diáconos distribuyen la Sagrada

Comunión en virtud de su oficio como ministros ordinarios del Cuerpo y de la

Sangre del Señor . 

Cuando el tamaño de la congregación o la incapacidad del obispo, presbítero o

diácono, lo requiere, el celebrante puede ser asistido por otros obispos,

presbíteros o diáconos. Si no están presentes esos ministros ordinarios de la

Sagrada Comunión: “…El sacerdote puede pedir la ayuda de los ministros

extraordinarios, es decir, el acólito legítimamente instituido o incluso otros fieles,

que para esto legítimamente han sido designados. En caso de necesidad, el

sacerdote puede designar ad actum  a los fieles idóneos”.

Los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión deberán recibir suficiente

formación espiritual, teológica y práctica para desempeñar su papel con

conocimiento y reverencia.

Todos los ministros de la Sagrada Comunión deberán mostrar la mayor

reverencia por la Santísima Eucaristía con su comportamiento, su atuendo y

la manera en que manejan el pan y el vino consagrados.

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